Ubu Rey
Editorial La Bondiola


UBU REY
de Alfred Jarry

Acto Primero

Acto Segundo

Acto Tercero

Acto Cuarto

Acto Quinto

ACTO QUINTO

Escena I

Es de noche. EL PADRE UBU duerme. LA MADRE UBU entra sin verle. La oscuridad es completa.

 

MADRE UBU - Por fin estoy al abrigo. Estoy sola aquí. No es ningún inconveniente. Pero que carrera desenfrenada: atravesar toda Polonia en cuatro días. Todas las desgracias me han caído de golpe. Inmediatament después de la marcha de ese gran borrico voy a la cripta a enriquecerme. Poco después estoy a punto de que me liquide el Bougrelas ese, y esos cosacos. Pierdo a mi caballero, el Palotino Girón que estaba tan enamorado de mis encantos que se extasiaba de placer al verme, e incluso, me ha asegurado, al no verme, lo que es el colmo de la ternura. Se habría dejado partir en dos por mí, el pobre muchacho. La prueba es que Bougrelas lo ha partido en cuatro. ¡Pif, paf, pan! ¡Ah! Me siento morir. Después, emprendo la huida perseguida por la turba enfurecida. Abandono el palacio; llego al Vístula. Todos los puentes están vigilados. Atravieso el río a nado, confiando dejar de este modo a mis perseguidores. Por todas partes la nobleza se junta y me persigue. Mil veces estoy a punto de perecer ahogada en un círculo de polacos obsesionados en perderme. Finalmente logré sustraerme a su furia, y después de cuatro días de carrera por la nieve de lo que fue mi reino, llego a refugiarme aquí. No he bebido ni comido en estos cuatro días. Bourdelas me pisaba los talones... Pero en fin, ya estoy salvada. ¡Ah! Estoy muerta de fatiga y de frío. Pero desearía saber qué ha sido de mi gordo polichinela, quiero decir, mi muy respetable esposo. Y mira que le he robado finanza. Y le he cogido rixdales. ¡Cómo le he puesto de cuernos! Y su caballo de finanzas que se moría de hambre. No veía a menudo avena el pobre diablo. ¡Ah! Cuán bella historia. Pero, ay, he perdido mi tesoro. Está en Varsovia. Que vaya a buscarlo quien quiera.

PADRE UBU (empezando a despertarse) - ¡Agarrad a la Madre Ubu, cortad las sorejas!

MADRE UBU - ¡Ah! ¡Dios! ¿Dónde estoy? Pierdo la cabeza. ¡Ah! No. ¡Señor! Gracias al Cielo entreveo aquí al Señor Padre Ubu que duerme junto a mí. Hagámonos la simpática. Y bien, mi gordo hombretón, ¿has dormido bien?

PADRE UBU - ¡Bastante mal! ¡Era durísimo el oso ese! Combate de voraces contra correáceos, pero los voraces han comido y devorado completamente a los correáceos, como podréis ver cuando sea de día. ¿Me oís, nobles Palotinos?

MADRE UBU - ¿Qué murrnura? Es más imbécil aún que cuando se marchó. ¿Con quién charla?

PADRE UBU - Cotice, Pile, contestadme, ¡montón de mierdra! ¿Dónde estáis? ¡Ah! Tengo miedo- Pero, vamos, han hablado. ¿Quién ha hablado? No es el oso, supongo. ¡Mierdra! ¿Dónde están mis cerillas? ¡Ah! Las perdí en la batalla.

MADRE UBU (aparte.) - Aprovechemos la situación y la noche. Simulemos una aparición sobrenatural y hagámosle prometer que perdonará nuestras raterías.

PADRE UBU - ¡Pero, por San Antonio, hablan! ¡Piernadivina! ¡Voy a ser ahorcado!

MADRE UBU (endureciendo la voz.) - ¡Sí, señor Ubu, hablan, en efecto, y la trompeta del arcángel que debe sacar a los muertos de la ceniza y del polvo final no hablaría de otro modo! Escuchad esta voz severa. Es la de San Gabriel que tan sólo puede dar buenos consejos.

PADRE UBU - ¡Oh! ¡En efecto!

MADRE UBU - ¡No me interrumpáis o me callo y ya no habrá remedio para vuestra recarroña!

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Mi rechulez! Me callo. No digo ni una palabra más. Continuad señora Aparición.

MADRE UBU - ¡Decíamos, señor Ubu, que érais un gordo hombretón!

PADRE UBU - MUY gordo, en efecto. Eso es cierto.

MADRE UBU - ¡Callad, voto a Dios!

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Los ángeles no juran!

MADRE UBU (aparte) - ¡Mierdra! (continuando.) ¿Estáis casado, señor?

PADREUBU- ¡Ciertamente, con la mayor de las arpías!

MADRE UBU - Queréis decir que es una mujer encantadora.

PADREUBU - Un horror. Tiene garras por todas partes. No se sabe por dónde agarrarla.

MADRE UBU - Hay que tomarla con dulzura, sire Ubu, y si así la cogéis así veréis que por lo menos es igual a la Venus de Capua.

PADRE UBU - ¿A quién le decís crápula?

MADRE UBU - No escucháis, señor Ubu, prestadme un oído más atento (Aparte). Pero apresurémonos, el día va a levantarse. Señor Ubu, vuestra mujer es adorable y deliciosa. No tiene un solo defecto.

PADRE UBU - Os equivocáis. No hay defecto que no posea.

MADRE UBU - ¡Silencio de una vez! ¡Vuestra mujer no os es infiel!

PADRE UBU - Me gustaría saber quién podría enamorarse de ella una arpía!

MADRE UBU - No bebe.

PADRE UBU - Desde que cogí la llave de la bodega. Antes, a las sitete la mañana ya estaba colocada, y se perfumaba con aguardiente. Ahora que se perfuma con heliotropo no huele mucho peor. Me es igual. ¡Ahora el único que está colocado soy yo!

MADRE UBU - ¡Tonto personaje! Vuestra mujer no os coge el oro.

PADRE UBU - ¡No, es gracioso!

MADRE UBU - ¡No malgasta ni un céntimo!

PADRE UBU - De eso es testigo nuestro noble e infortunado caballo de Fynanzas que, debido a no haber sido alimentado desde hacía tres meses tuvo que hacer la campaña entera tirado por las bridas a través de Lituanuia. ¡También murió en el empeño, el pobre animal!

MADRE UBU - Todo esto son mentiras. ¡Vuestra mujer es modélica, vos, qué monstruo haceis de ella!

PADRE UBU - Todo esto son verdades. ¡Mi mujer es una tunante, y estáis hecho un cernícalo!

MADRE UBU - Andad con cuidado, Padre Ubu.

PAORE UBU - ¡Ah! Es cierto. Olvidaba con quién estaba hablando. ¡No he dicho eso!

MADRE UBU - Habéis matado a Venceslas.

PADRE UBU - No es culpa mía, evidentemente. La Madre Ubu fue quien lo quiso.

MADRE UBU - Hicisteis morir a Boleslas y Ladislas.

PADRE UBU - ¡Peor para ellos! ¡Querían golpearrne!

MADRE UBU - No mantuvisteis vuestra promesa con Bordure, y tarde le habéis rnatado.

PADRE UBU - Prefiero ser yo quien reine en Lituania. De momento no lo hacemos ni él ni yo. Así que podéis ver que no soy yo.

MADRE UBU - Sólo hay un medio para haceros perdonar todas vuestras fechorías.

PADRE UBU - ¿Cuál? Estoy dispuesto a convertirme en un santo varón. Quiero ser obispo y ver mi nombre en el calendano.

MADRE UBU - Es necesario perdonar a la Madre Ubu por haber pispado un poco de dinero.

PADRE UBU - ¡De acuerdo pues! La perdonaré cuando me lo haya devuelto todo, la haya vapuleado a conciencia, y haya resucitado a mi caballo de finanzas.

MADRE UBU - ¡Está obsesionado con su caballo! ¡Ah! Estoy perdida. Despunta el día.

PADRE UBU - Pero, vamos, me alegro de saber ahora con seguridad que mi querida esposa me robaba. Ahora lo sé de buenas fuentes. Omnis a Deo scientia, lo que quiere decir: Omnis toda- a Deo ciencia; scientia viene de Dios. Esta es la explicación del fenómeno. Pero la señora Aparición no dice nada. Qué puedo ofrecerle para que se reconforte. Lo que me decía era muy divertido. ¡Mira! Ya amanece. ¡Ah, Señor! ¡De por mi caballo de finanzas! ¡Es la Madre Ubu!

MADRE UBU (descaradamente) - No es verdad. Voy a excomulgaros.

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Carroña!

MADRE UBU - Qué impiedad.

PADRE UBU - ¡Ah! Es demasiado. ¡Me doy perfecta cuenta de que eres tú, tonta arpía! ¿Por qué demonios estás aquí?

MADRE UBU - Giron ha muerto y los polacos me han echado.

PADRE UBU - A mí son los rusos los que me han echado. Las almas puras vuelven a encontrarse.

MADRE UBU - ¡Di pues, que un alma pura ha encontrado a un borrico!

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Bien! Ahora va a encontrar un palmípedo.

Le lanza el oso.

MADRE UBU (cayendo vencida por el peso del oso.) - ¡Ah! ¡Gran Dios! ¡Que horror! iAh! ¡Muero! ¡Me ahogo! ¡Me muerde! ¡Se me zampa! ¡Me digiere!

PADRE UBU - ¡Está muerto, grotesca! ¡Oh! Pero, de hecho, puede que no. iSeñor! No, no está muerto. Huyamos. (Volviendo a subir a su piedra) Pater noster qui es...

MADRE UBU (liberándose) - ¡Toma! ¿Dónde está?

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Señor! ¡Otra vez ella! Estúpida criatura. ¿No habrá pues manera de librarse de ella? ¿Está muerto, el oso ése?.

MADRE UBU - Pues sí, borrico tonto. Está ya bien frío. ¿Cómo llegó hasta aquí?

PADRE UBU (azarado.) - No lo sé. ¡Ah! Sí que lo sé. Quiso comerse a Pile y a Cotice y yo lo maté de un padrenuestrazo.

MADRE UBU - Pile, Cotice, Padre Nuestro. ¿Qué es esto? ¡Por mi finanza, está loco!

PADRE UBU - ¡Es absolutamente exacto lo que digo! ¡Y tú eres una idiota, por mi rechulez!

MADRE UBU - Cuéntame tu campaña, Padre Ubu.

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Eso no! Es demasiado largo. Lo único que sé es que a pesar de mi valentía, todo el mundo me ha zumbado.

MADRE UBU - ¡Cómo! ¿Incluso los polacos?

PADRE UBU - Gritaban: ¡Viva Venceslas y Bougrelas! Pensé que querían descuartízarme. ¡Oh! ¡Los muy bestias! ¡Y después han matado a Rensky!

MADRE UBU -¡Me importa un bledo! ¿Sabes que Bougrelas ha matado al Palotino Giron?

PADRE UBU - ¡Me importa un bledo! ¡Y después han matado al pobre Lascy!

MADRE UBU - ¡Me importa un bledo!

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Pero por lo menos llega hasta aquí, carroñal! Arodíllate delante de tu amo. (La agarra y la echa de rodillas.) Vas a sufrir el último suplicio.

MADRE UBU - ¡Oh, oh, señor Ubu!

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Oh! ¿Y qué más? ¿Has acabado? Yo empiezo torsión de la nariz, arranque de los pelos, penetración de un pedacito de madera en las sorejas, extracción del cerebro por los talones, laceración del trasero, supresión parcial o puede que total de la médula espinal (a menos esto pudiera apartarle las espinas del carácter) sin olvidar la tortura de la vejiga natatoria, y finalmente la gran decapitacion renovada de San Juan bautista, todo extraído de las muy santas Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, puesto en orden.

La desgarra.

MADRE UBU - ¡Piedad, señor Ubu!

Un ruido enorme a la entrada de la caverna.


Escena II

LOS MISMOS, BOUGRELAS abalanzándose en la caverna con sus soldados.

 

BOUGRELAS - ¡Adelante, amigos míos! ¡Viva Polonia!

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Oh! Espera un poco, señor polonio. ¡Espera a que haya terminado con mi media naranja de señora!

BOUGRELAS (golpeándole) - ¡Toma! ¡Cobarde, pordiosero, bribón, impío, musulmán!

PADRE UBU (replicando.) - ¡Toma! ¡Polonio, borrachardo, bastardo, husardo, tartaro, nefando, cucaracha, moscardón, saboyano, comunardo!

MADRE UBU (golpeándole también.) - ¡Toma! ¡Capón, puercón, felón, histrión, bribón, porcachón, almohadón!

Los soldados se abalanzan sobre los Ubu, que se defienden lo mejor que pueden.

PADRE UBU - ¡Dios! ¡Qué hundimientos!

MADRE UBU - Tenemos pies, señores polacos.

BOUGRELAS - ¡Golpead! ¡No dejéis de golpear!

VOCES AFUERA - ¡Viva el Padre Ubu, nuestro gran financiero!

PALOTINOS - Ya están aquí ¡Hurra! Aquí están los Padres Ubus.

Entran los Palotinos que se zambullen en el tumulto

COTICE - ¡Echad fuera a los polacos! Volvemos a vernos, Segnior de Finanzas. Adelante, empujadamente. Ganad la puerta. Una vez fuera no habra que hacer más.

PADRE UBU - ¡Oh! Ese es mi punto fuerte. Oh, cómo golpea.

BOUGRELAS - ¡Dios! Me han herido.

ESTANISLAO LECZINSKY - No es nada, Sire.

BOUGRELAS - No. Simplemente estoy aturdido.

JUAN SOBIESKI - Golpead. Seguid golpeando. Esos pordioseros ganan la puerta.

COTICE - Nos acercamos. Seguid a los demás. Por consiguiente de lo cual, veo el cielo.

PILE - iValor, sire Ubu!

PADRE UBU - ¡Ah! Me cago en los pantalones. ¡Adelante cuernomirechulez! ¡Matagg, sangrad, desollad, aniquilad! ¡Cuerno de Ubu! ¡Ah! ¡Esto va disminuyendo!

COTICE - Sólo quedan dos que guardan la puerta.

PADRE UBU (despachándoles a golpetazos con el oso.) - ¡Y uno, y dos! ¡Uff! ¡Ya estoy fuera! ¡Escapemos! ¡Seguidme, los demás, y rápido!


Escena III

La escena representa la provincia de Livonia cubierta de nieve.

LOS UBU y su séquito, en fuga.

 

PADRE UBU - ¡Ah! Creo que han renunciado a cogernos.

MADRE UBU - Sí, Bougrelas ha ido a que le coronen.

PADRE UBU - No le envidio su corona.

MADRE UBU - Tienes toda la razón, Padre Ubu.

Desaparecen en la lejania.


Escena IV

El puente de un navío que corre a toda prisa por el Báltico.

En el puente EL PADRE UBU y toda su banda.

 

COMANDANTE - ¡Ah! !Qué hermosa brisa!

PADRE UBU - Es un hecho que nos largamos a una velocidad que parece prodigiosa. Debemos hacer por lo menos un millón de nudos por hora, y los nudos tienen de bueno que, una vez hechos, ya no se deshacen. Aunque hay que contar que tenemos viento en popa.

PILE - Qué triste imbécil.

Llega una ráfaga. El barco se inclina y blanquea al mar.

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Ah! ¡Dios! ¡Ya hemos zozobrado! Pero todo marcha al revés. Se va a caer, tu barco.

EL COMANDANTE - ¡Orzad! ¡Recoged el mesana!

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Pero, demonios! ¡No os pongáis todos en el mismo lado! Eso es imprudente. Imaginad que el viento cambia de lado: todos iríamos a parar al fondo del agua y los peces nos comerían.

EL COMANDANTE - ¡No arribéis! ¡Aferrad fuerte!

PADRE UBU - ¡Sí! iSí! Arribad. ¡Yo tengo prisa! Será culpa tuya animal de capitán, si no arribamos. Deberíamos haber llegado. ¡Entonces voy a mandar yo! ¡Listos para virar! Mojad. Virad de cara al viento. Virad en contra. Izad las velas. Replegad velas. Barra encima. Barra abajo. Barra al lado. ¿Veis? Todo va muy bien. Tomad la ola de lado y entonces será perfecto. Todos se doblan. La brisa se enfria.

EL COMANDANTE - Arriad el foque. ¡Rizad las gavias!

PADRE UBU - ¡Esto no está mal! ¡Casi está bien! ¿Oís, señor Tripulación? Traed el gallo gordo e id a dar una vuelta por los ciruelos.

Varios agonizan de risa. Embarca una ola.

PADRE UBU - ¡Oh! ¡Qué diluvio! Esto es una consecuencia de las ma niobras que hemos ordenado.

MADRE UBU Y PILE - ¡Deliciosa cosa, la navegación!

La segunda ola embarca.

PILE (inundado) - Desconfiad de Satán y de sus pompas.

PADRE UBU - Sire muchacho, traedme de beber.

Todos se dedican a beber.

UBU - ¡Ah! ¡Qué delicia volver a ver dentro de poco a la dulce ola, a nuestros viejos amigos, y a nuestro castillo de Mondragón!

PADRE UBU - ¡Eh! Estaremos enseguida. En este momento llegamos a destino.

PILE - Me siento rejuvenecer con la idea de volver a ver mi querida España.

COTICE - Sí, y admiraremos a nuestros compatriotas con el relato de nuestras maravillosas aventuras.

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Eso por descontado! Y yo me haré nombrar Maestro de Finanzas en París.

MADRE UBU - ¡Eso es! ¡Oh! ¡Vaya sacudida!

COTICE - No es nada. Acabamos de doblar la punta de Elsinor.

PILE - Y ahora nuestro noble navío se lanza a toda velocidad a través de las obscuras olas del mar del Norte.

PADRE UBU - Mar orgulloso e inhospitalario que baña el país llamado Germania, llamado así porque los habitantes de este país son todos primos hermanos.

MADRE UBU - A esto le llamo yo erudición. Se dice que este país es considerablemente bello.

PADRE UBU - ¡Ah! ¡Señores! Por bello que sea no vale lo que Polonia. ¡Si no hubiera Polonia no habría polacos!

 

FIN


 

Y ahora, como habéis escuchado bien y os habéis estado quietos, se os cantará

La canción del descerebraje

Fui durante largo tiempo obrero ebanista
en la call' del campo d' Marte, d' la parroq' de Todos los Santos.
Mi esposa ejercía la profesión de modista
y nunca nos había faltado nada.
Cuando el domingo se anunciaba sin nubes,
solíamos vestirnos con los más caros atavíos
e íbamos hacia el descerebraje,
call' d' L' Echaudé, a pasar un buen ratillo.

Mirad, mirad la maquin' girar,
mirad, mirad el cerebr' saltar,
mirad, mirad a los rentistas temblar.
(Coro.) ¡Hurra, cuernos en el culo, viva el Padre Ubu!

Nuestros dos mocosos queridos, embadurnados d' confituras,
felices sacudían sus muñecos de trapo,
subían con nosotros a lo alto del coche
y rodábamos alegremente hacia la Echaudé.
Nos abríamos paso a golpes y codazos,
ansiosos por llegar a la primera fila.
Yo m' ponía siempre encima de un montón de piedras
para no ensuciar mis borceguíes en 1' sangre.

Mirad, mirad la maquin' girar,
mirad, mirad el cerebr' saltar,
mirad, mirad a los rentistas temblar.
(Coro.) ¡Hurra, cuernos en el culo, viva el Padre Ubu!

Pronto mi esposa y yo estamos cubiertos de sesos,
los mocosos los manducan, y todos pataleamos
viendo al Palotino blandir su enorme lumela,
y las heridas y los números de plomo.
De pronto veo, cerca d' la máquina,
la jeta d' un bonz' que n' recuerdo sino a medias.
Muchacho, que me digo, r' conozco tu bobina,
me has robado, no seré yo el que te tenga lástima.

Mirad, mirad la maquin' girar,
mirad, mirad el cerebr' saltar,
mirad, mirad a los rentistas temblar.
(Coro.) ¡Hurra, cuernos en el culo, viva el Padre Ubu!

De repente noto que mi esposa me tira de la manga.
Piazo bestia, m' dece, este es 1' momento de lucirte,
métele en los morros un pedazote de boñiga
h' aquí l' Palotino que esta precis' de espaldas.
Oyendo este pensamiento maravilloso
me armo de coraje, me pongo de puntillas,
y le atizo al Rentista un' gigantesca mierdra
que se aplasta en la 1' nariz del Palotino.

Mirad, mirad la maquin' girar,
mirad, mirad el cerebr' saltar,
mirad, mirad a los rentistas temblar.
(Coro.) ¡Hurra, cuernos en el culo, viva el Padre Ubu!

Inmediatamente m' veo lanzado por encima de la barrera.
La masa enfurecida me atropella y me empuja,
y salto por el aire y caigo de cabeza
en el gran agujero negro del que no se regresa jamás.
Esto es lo que ocurre por ir a pasearse l' domingos
a la call' d' I'Echaudé a ver descerebrar,
o al Pincha-Puercos o bien el Démanch'-Comanche.
Se sale vivo y se vuelve muerto.

Mirad, mirad la maquin' girar,
mirad, mirad el cerebr' saltar,
mirad, mirad a los rentistas temblar.
(Coro.) ¡Hurra, cuernos en el culo, viva el Padre Ubu!

 

 


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