Ubu Cornudo

Editorial La Bondiola

Ubu Cornudo

de Alfred Jarry

ACTO SEGUNDO

Escena I

ACHRAS empalado, LA CONCIENCIA saliendo a medias de una maleta.

LA CONCIENCIA - Señor.

ACHRAS- ¡Ohn!

LA CONCIENCIA - Y así sucesivamente.

ACHRAS - ¿Qué pasa aún? ¡Ohn! ¿Pero qué? Debo estar muerto. Déjenme tranquilo.

LA CONCIENCIA - Señor, a pesar de que mi filosofía condena absolutamente la acción, dado que lo que ha hecho el Señor Ubu es en demasía indigno, voy a desempalarle.

Se estira hasta llegar a la altura de Achras.

ACHRAS (desempalado,) - A esto no puede uno negarse, Señor.

LA CONCIENCIA - Señor, y así sucesivamente, deseo tener con usted un rato de charla. Siéntese, por favor.

ACHRAS - Oh, pero es que, fíjese usted, ni hablar de eso. No cometeré la indelicadeza de sentarme en presencia de un puro espíritu que es salvador, y además, fíjese usted, me resulta desagradable.

LA CONCIENCIA - Mi íntimo sentido y el sentimiento de equidad hacen que sea para mi un deber el castigar al Señor Ubu. ¿Qué venganza vais a proyectar?

ACHRAS - Hon, pero es que, fíjese usted, hace tiempo que está todo pensado. Simplemente voy a desenganchar la trampa de la bodega y colocar el sillón al lado y fíjese usted, y cuando ese individuo, fíjese usted, vuelva de comer va a hundirlo todo, entonces bien, y que así estaba dispuesto.

LA CONCIENCIA - Se habrá hecho justicia y así sucesivamente.

Escena II

LOS MISMOS, PADRE UBU.

La Conciencia se esconde en la maleta.

PADRE UBU - ¡Cuernoempanza! Señor, no ha quedado usted donde le había puesto. De hecho, ya que aún es usted utilizable, no olvide decir a su cocinera que tiene la costumbre de servir la sopa demasiado salada y el asado demasiado hecho. No nos gusta así. Y no es porque no podamos, mediante nuestra ciencia en patafísica, hacer salir de la tierra los manjares más exquisitos. Pero son sus procedimientos, Señor, los que nos indignan.

ACHRAS - Oh, pero es que, no volverá a repetirse.

El Padre Ubu se sumerge en la trampa.

Fíjese usted.

PADRE UBU - ¡Cuernoempanza, Señor! ¿Qué significa esta broma? Sus suelos son deplorables. Nos vamos a ver obligados a actuar con energía.

ACHRAS - Sólo se trata de una trampa, fíjese usted.

LA CONCIENCIA - El señor Ubu está demasiado gordo. No podrá pasar nunca.

PADRE UBU - ¡De por mi velón verde! Es necesario que una trampa se abra o se cierre. La belleza del teatro de finanzas radica en el buen funcionamiento de las trampas. Esta nos estrangula, nos lastima el colon transverso y el gran epiplón. Vamos a perecer si no nos sacan de aquí.

ACHRAS - Todo lo que está en mi mano hacer es, fíjese usted, dulcificar vuestros momentos mediante la lectura de algunos pasajes característicos, fíjese usted, de mi tratado sobre las costumbres de los poliedros y de la tesis, que he tardado sesenta años en componer, acerca de la superficie del cuadrado. ¿No queréis? Entonces pues me voy. No quiero ver esto. Es demasiado triste.

Sale.

Escena III

PADRE UBU, LA CONCIENCIA.

PADRE UBU - ¿Dónde está usted, Conciencia mía? Cuernoempanza, me daba usted buenos consejos. Haremos penitencia y restituiremos a sus manos alguna fracción de lo que hemos cogido. No descerebraremos más.

LA CONCIENCIA - Señor, nunca he deseado la muerte del pecador y así sucesivamente. Os tiendo una mano caritativa.

PADRE UBU - Dese prisa, Señor. Estamos pereciendo. Apresúrese a sacarnos de esta trampa y le otorgaremos, fuera de esa maleta, una gracia.

La Conciencia, después de haber liberado a Ubu, arroja la maleta dentro de la trampa.

LA CONCIENCIA (gesticulando.) - Gracias, Señor. Señor, no hay ejercicio más saludable que la gimnasia. Preguntadlo a todos los higienistas.

PADRE UBU - Cuernoempanza, Señor, arma usted demasiado jaleo. Para probarle nuestra superioridad en esto al igual que en todo, vamos a realizar el salto perigilioso, lo que puede parecer sorprendente dada la enormidad de nuestra barriga.

Empieza a correr y a brincar.

LA CONCIENCIA - Señor, os lo suplico. No hagáis nada. Vais a hundir el suelo y a desaparecer otra vez en alguna trampa. Admirad nuestra ligereza. (Queda colgado de los pies.) ¡Oh, socorro! ¡Voy a romperme los riñones! ¡Venid en mi ayuda, Señor Ubu!

PADRE UBU (sentado.) - Oh no. No haremos nada, Señor. En este momento estamos realizando nuestra digestión, y la menor dilatación de nuestra panza nos haría perecer instantáneamente. Dentro de dos tres horas a lo sumo nuestra digestión habrá terminado y volaremos en ayuda. Y por otro lado, no tenemos en lo más mínimo la costumbre descolgar harapos.

La Conciencia se menea y cae sobre la panza de Ubu.

PADRE UBU - Ah, vamos. Señor, no toleraremos que se nos disturbe, no será usted el que empiece a hacerlo.

No encontrando la maleta, agarra a la Conciencia por los pies, abre puerta del fondo y la hace desaparecer, empezando por la cabeza, en el agujero entre las dos basas de piedra.

Escena IV

PADRE UBU, LOS TRES PALOTINOS.

De pie en sus camas.

LOS TRES PALOTINOS - Los que se burlan de su sombra - son tontos e idiotas - que perfectamente podrían - antes de la mañana - tener que arrepentirse. Ya que él no quiere - que su persona - sea maltratada - o embromada. Ya que él no quiere - que su barriga - sea ri-di-cu-li-zada. Ese tonel que se acerca, nel que se acerca, nel que se acerca, es el Padre Ubu.

Mientras tanto el Padre Ubu enciende su velón verde, llama de hidrógeno en vapor de azufre y que, construido según el principio del órgano filosófico, emite un sonido de flauta continuo. Y escribe en la pared dos letreros: Aquí se escribe a máquina - corta gatos y onejas.

MERDANPO - Ohn, señorgg. Hay gentes que sufren grandes penas. El Señor Rebontier, él ha pasado once veces esta mañana por el Pincha Puercos, plaza de la Concordia. ¡Ohn!

MOUSCHED-GOGH - Señorgg, como me habéis mandado, he ido a llevar una carga de puñetazos explosivos a casa del Señorgg, y un pote de mierdra lleno a casa del Señorgg. ¡Ohn!

CUATRONEJAS - Yo he estado en Egipto, señor, y me he traído al cantamañanas de Memnón. Pero como no sé si hay que darle cuerda para que siga cantando lo he encerrado en la cámara de Patacones. ¡Hon, señor!

PADRE UBU - ¡Silencio, estúpidos individuos! Dejadme meditar. - La esfera es la forma perfecta. El sol es el astro perfecto. En nosotros nada es tan perfecto como la cabeza, siempre hacia el sol levantada y tendiendo hacia su forma, salvo el ojo, espejo de este astro y semejante a él.

La esfera es la forma de los ángeles. Al hombre no le es dado más que ser ángel incompleto. Más perfecto que el cilindro, menos perfecto que la esfera, del tonel irradia el cuerpo hiperfísico. Nos, su isomorfo, somos la hermosura.

LOS PALOTINOS - Los que se burlan - de su sombra - son todos tontos idiotas - que muy bien podrían - antes de mañana - verse esquilados.

El Padre Ubu, que estaba sentado en una mesa, se levanta y camina.

LOS PALOTINOS - Ese tonel que se acerca, nel que se acerca, nel que se acerca, es el Padre Ubu, y su barriga inmensa, barriga inmensa, es el padre Ubu.

PADRE UBU - Non cum vocaveris patafisicandum est, dijo Séneca. Es urgente ordenar coserle un pedazo de lana filosófica a nuestra vestimenta.

Omnia alia negligenda sunt, es ciertamente irreverente, ut huic assidimus, emplearse en infames usos de vaciado de barrigas y toneles, lo que insultar gravemente al aqui presente maestro de Finanzas. Cui null: tempus vitae satis magnum est, es por lo que hemos inventado este instrumento, que no dudamos en absoluto en calificar con el nombre de bomba de mierdra.

Lo saca de su bolsillo y lo pone encima de la mesa.

LOS PALOTINOS - ¡Ohn, Señorgg!

PADRE UBU - Y ahora se hace tarde. Vamos a ir a dormir. Ah. Lo olvidaba. Nos traeréis, al volver de Egipto, grasa de momias para nuestra máquina, aunque parezca que corren muy deprisa, cuernoempanza, y difíciles de capturar.

Se lleva su velón verde y su bomba y entra.

Escena V

Los Palotinos inmóviles cantan mientras que se yergue en el centro del patio la estatua de Memnón, cuyo pedestal es un tonel.

LOS PALOTINOS

Temed y desconfiad del Maestro de Finanzas
Vosotros, los pequeños Rentistas que, con las manos en los bolsillos,
Sólo pensáis en gritar cuando os despellejan.

Un Palotino grasoso viene a cortarles la cabeza
Mirando de través por encima de sus gafas...

El Padre Ubu, de pie antes de despuntar el día,
Apenas despertarse comienza sus cien vueltas.
Abre con gran estruendo la puerta de la sala
Donde duerme de los Palotinos la piojosa canalla.
Su oreja se tuerce y se abate silbando
Abofeteando un Palotino, todos, al son de tambor,
Ruedan en fila a alinearse en el patio.
El Padre Ubu les lee las disposiciones
Que fijan a cada uno su destino.
Les da un mendrugo, dos o tres cebollas crudas
Y los empuja fuera a patadas en el culo...
Después, con paso magistral, entra en su habitación
Y va a mirar la hora en su péndulo de lagarto
¡Las seis! ¡por el buen Dios! ¡Qué retrasado estoy!
Vamos, depiértese, señora Madre Ubanzas.
Dadme el sable de mierdra y el gancho de finanzas.
Pero, dice la Madre Ubu, Señor Padre Ubosa,
¿De lavarte las manos no se trata la cosa?
Pero esta frase disgusta al maestro de Finanzas
De su bolsillo aborrecido se saca la correa
Y, haga el tiempo que haga, ventee o bien que hiele,
Parte, encorvando la espalda, bajo el viento de la mañana.

FIN DEL SEGUNDO ACTO.

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