La Voz del Lago Logan - lunes 1616 de diciembre de 1999


No le comen la comida

Ama de casa demandó a su familia por discriminación

Palmira Palmer estaba angustiada. Años de duro entrenamiento para ser un ama de casa perfecta se desmoronaban ante ella. De nada le valía ya el record nacional de “Barrido y Baldeo de Patio con Obstáculos” que logró en 1996 si su familia la menospreciaba. El problema de Palmira era que su familia ya ni le probaba la comida. Y esto, más que un rechazo, para Palmira equivalía a discriminación lisa y llana. Así que juntó coraje y se apersonó en el juzgado para blancos del Comité Federal Anti-Discriminación para radicar una denuncia penal contra su esposo y sus tres hijos adolescentes.

“Eso que ella cocina no es comida. Sabe a excremento”, atacó el marido en el juicio. “¿Qué sabrá, Sr. Juez? ¿Qué sabrá? Si mi esposo nunca comió excremento ¿Cómo puede comparar?” contraatacó la señora Palmer. Finalmente se citó a un perito al estrado y se le hizo probar una muestra de excremento y un plato de pasta preparado por la denunciante. El gesto del perito resultó más que convincente para el juez, quien falló de inmediato en favor del marido y los hijos, y prohibió a la señora Palmer acercarse a menos de seis metros de la cocina.

“Como el departamento es chico, ahora tengo que dormir en el ascensor”, cuenta Palmira, mientras le marca el noveno piso a un petiso que no llega al botón y que ya demandó por discriminación al fabricante del ascensor y también perdió el pleito con el mismo juez.

“Dicen que no es un juez imparcial. Que en el fondo discrimina. A mi no me parece”, lo defendió Salomón, el amigo judío del juez.

Palmira, poniendo una cubetera en el congelador para hacer cubitos. Dicen que hasta eso le salía con gusto a mierda.