La Voz del Lago Logan - martes 1274 de diciembre de 1999


Cosas que pasan

Ganó un millón y se lo gastó en el entierro

Vea lo que pasa cuando uno anda por ahí diciendo que no cree en la suerte y ésta de pronto lo favorece.

Doña Ermida Palermo de Arzubialde, jubilada de 78 años, de Santa Perinola, se jugó como todos los días una boletita de BingoLogan. Como siempre, le apostó al 1, al 2, al 5, al 10, al 14 y al 15, que eran las edades de sus hijos el día en que la pasión por el juego se apoderó de su vida.

Claro que Doña Ermida, viuda del gran matemático Pocho Arzubialde, algo sabía de probabilidades y entonces nunca confió gran cosa en la posibilidad de ganar. "Es cosa poco común", resumía con sabiduría ante sus comadres.

Sin embargo (vio como es el barrio de malicioso), en las charlas de reposera en la veredas de Santa Perinola, se comentaba que Ermida, la empedernida, la presumía de humilde pero en el fondo del chalet era ambiciosa y cuchuflera. En resumen, que "la vieja se las daba de pobrecita", como decían sus comadres en cuanto la Ermida se rumbeaba para su casa.

Pero fíjese que no, porque la vieja era humilde en serio; y hete aquí que el otro día no va y se saca la grande ¿Lo puede creer? Un millón en dinero contante y sonante.

Entonces pasó lo pior. Doña Ermida volvió tarde a casa ese día y todavía sin enterarse de la buena nueva. Cuando llegó al barrio lo notó medio alborotado pero como faltaban siete meses para Año Nuevo pensó que era por eso. Y no, pasaba que ya todas las lechuzas habían oído en el noticioso que Ermida había sacado un palo y se arrancaron los ojos para ver cuál se lo contaba a más cristianos. Cuestión que ahora todo el barrio sabía y ahí andaban las comadres, cieguitas ahora, chocándose contra gentes que salían en malón de las casas para acogotar a la vieja pavonera, llorona y ricachera.

Con semejante despelote el desenlace fatal no podía demorarse. En cuanto Doña Palermo de Arzubialde cruzó la Avenida Gobernador Cadenas pasó un bólido infernal a todo lo que daba, se la llevó puesta y la amasijó contra el pavimento. Pero vea que ésto, nos enteramos después, no había sido premeditado por nadies sino un liso y llano accidente de transitación. El conductor, detenido por la policía, confesó que iba quemando llanta porque se le enfriaba el pollo con papas fritas que llevaba en el asiento del acompañante, y que el aroma de tan suculento manjar lo tenía narcotizado.

Esta es una de esas maravillosas historias que nos dejan valiosas enseñanzas. Primero, no hay que jugar, y si se juega hay que tenerle fe al azar que si no se las cobra con creces. Segundo, manejar con precaución. Es mejor comer el pollo frío que comerse seis años a la sombra.

Para el anecdotario quedará que el pozo fue declarado vacante, aunque se destinó una parte a costearle el sepelio a Doña Ermida a modo de homenaje.

Mientras Doña Ermida lanzaba su última expiración a unas pocas cuadras de ahí, el vecindario entraba enardecido por las ventanas a desvalijarle la casa. Nuestro fotógafo se les adelantó y por eso no sólo sacó la foto desde adentro que está ahí arriba, sino que además pudo asegurarse el televisor y un juego de cubiertos.