La Voz del Lago Logan - lunes 461 de diciembre de 1999


Las aventuras del Osito Totito, el Travieso


Como todos saben, el osito Totito es hijo bastardo. Es decir, papá oso no lo tuvo con mamá osa sino con alguna osita en celo que andaba por el bosque. Papá oso era muy católico y nunca reconoció a su hijo Totito, y es por este motivo que Totito nunca heredó un centavo pero sí algún que otro trauma que lo llevó hasta el consultorio de un psicóloso. Totito demostró ser un paciente ejemplar, pues ya en su primera sesión hizo notables progresos al aceptar su masoquismo y su homosexualidad. Lamentablemente, el psicóloso era el papi del oso Terence, el oso más canchero del bosque. Quebrando toda ética profesional, el padre le contó a Terence los secretos más íntimos de Totito.

A la semana siguiente se celebraba la genial fiesta de cumpleaños del oso Terence y Totito fue especialmente invitado con el único propósito de ser humillado. Esa noche, todos los osos cancheros estaban reunidos charlando y bebiendo Vodka con mielcitas al costado de la piscina, rompiendo los corazones de las más bonitas osas que los escuchaban arrebatadas de amor.

Entonces llegó el osito Totito con sus ojotas de mimbre y su trébol en el pubis, las manos atiborradas de caramelos de lasagna para todos los invitados. ¡Si lo hubieran visto! ¡Qué feliz que estaba Totito! Tenía tantas ilusiones... (aquí se impone una aclaración del psicólogo Omar Hoffman, estudioso de la psique de Totito, "quien se halla tan ávido de reconocimiento social que no puede dejar de ser un infeliz", según palabras del facultativo). Se levantó pues el oso Terence de su reposera plegable y se dirigió hacia Totito con un trago en la mano. "Bebe, amigo Totito y siéntate con nosotros", le dijo. "Pero ustedes son tan cancheros... Yo no debería", balbuceó Totito al tiempo que el oso Terence le obligaba a hacer un fondo blanco. Al cabo de diez minutos, Totito estaba ebrio y no paraba de hablar. Contó su desgraciada infancia, su temor a la oscuridad, su amarga soledad, y todo lo que Totito decía arrancaba las más sueltas carcajadas de la numerosa audiencia. "Cómo me aprecian y disfrutan de mi compañía", pensaba Totito.

Entonces ocurrió que Totito ya no se pudo contener y mirando a Terence a los ojos, le declaró su amor. El papi de Terence, el Sr. Psicóloso, se puso furioso y, dejando por un momento a su esposa a cargo de la barbacoa, tomó el tenedor y se lo clavó a Totito en las cervicales. Paralizado, Totito le dijo a su psicóloso cuánto lo sentía. "Doctor, creo que no tengo solución. Soy un oso malo que todo lo arruino. ¿Considera usted apropiado que me practique una lobotomía para poner fin a mi mente perversa?" Sin responderle, el doctor tomó la cuchilla y de un solo tajo dejó el cerebro de Totito expuesto a la concurrencia. El oso Terence entonces se levantó y le escupió los sesos e invitó a sus amigos a hacer lo mismo. Todavía consciente y en sus últimos instantes, Totito se disculpaba ante todos por el mal rato causado. "Espero que esto sirva para poner fin a mi perversa existencia. Discúlpenme por todo, son ustedes tan buenos que no los merezco. Gracias, doctor, por el favor que me hace". Acto seguido cerró sus ojos y dejó de respirar.