La Voz del Lago Logan - lunes 167 de diciembre de 1999


El Rincón de la Memoria

Maníes: una historia olvidada

Corrían los años 60 en el mundo. Una década inolvidable no sólo cultural sino también científicamente. Mientras los Estados Unidos se preparaban para el primer aluzinaje, poniendo toda su tecnología de punta en este proyecto, en Francia se creaba el destapacorchos de champagne electrónico, en Suiza los relojes con jueguito, en Japón los primeros profilácticos de latex, anticipándose al virus del sida (sin embargo parece ser que no han podido superar el modelo de 10 cm., tamaño bonsai, creados como prototipo que hoy todavía usan), y en Africa los televisores blanco y negro con contraste para poder distinguir los rostros en la pantalla.

Ante tanto avance tecnológico mundial, el Lago Logan no se quedaba atrás. Dos físicos de nuestro país se encontraban en una confrontación sin salida. El primero, llamado Julián Piñata, elaboraba una teoría reveladora.

Un día festejando la aprobación de una tesis personal, ya conocidos sus hábitos de tomador, terminaba una botella de cerveza, por supuesto con sus respectivos maníes al lado, cuando en determinado momento marcado por el destino dejó caer involuntariamente varios de éstos en su vaso. Entonces se percató de las magnitudes del fenómeno. Los maníes ascendían y descendían sin ley alguna. Ante esto el físico no se dió por vencido y decidió buscar una explicación al problema.

Un colega del ambiente, P.H. Fernández, que frecuentaba, como todos, el bar "El Péndulo" para hablar y discutir problemas físicos del presente y del futuro, una tarde mientras tomaba su cafe de siempre, escuchó casualmente las palabras de Piñata. Parando la oreja se enteró del proyecto de éste. Rapidamente fue a su casa, pasando primero por el almacén para abastecerse de sendos maníes y cerveza, y luego realizar el experimento plagiado al físico ya mencionado. Una vez en su lugar de trabajo lo llevó a cabo, pero los maníes se estancaron en el fondo.

Mientras tanto Piñata seguía con sus experiencias y luego de diversos análisis y copas tomadas llegó a la conclusión de que la cantidad de maníes que ascendían era directamente proporcional a los que bajaban. Pero todavía le quedaba una incógnita: ¿Por qué subían y bajaban?, y ¿Cuál era su velocidad y tiempo de permanencia en cada estado?

P.H. Fernández había descubierto lo contrario y elaboró la tesis de que los maníes no subían y eran atraídos por la fuerza de gravedad alterada en un 40% por la densidad del líquido en materia.

El tema se discutió en varias conferencias y luego de diversas confrontaciones los adversarios lograron entablar una amistad. Sin embargo el hígado del doctor Piñata ya se encontraba en un estado de cirrosis crónica e irreversible y entre sus compañeros se esperaba su muerte. Además la mayor parte de su tiempo se encontraba en estado de ebriedad, por ingerir la cerveza con la que experimentaba.

Una noche de tormenta se encerró en su laboratorio, augurando que sería su última velada, para resolver el misterio que había puesto la existencia de la humanidad en duda. Cuando ya parecía no encontrar la respuesta un rayo iluminó su cabeza, y entonces halló el eslabón que le faltaba para poder elaborar su teoría: los maníes eran porosos y por lo tanto se llenaban con el gas de la cerveza, luego ascendían y al llegar arriba lo liberaban, para volver a bajar y repetir el ciclo, en un círculo vicioso. Su velocidad variaba entre los 0,30 m/seg y los 0,30 km/seg según la fórmula:

V =
D (distancia recorrida)
t (tiempo de ascención)
dc (densidad de la cerveza)

Y su permanencia en cada estado tenía que ver con la rotación del maní según la fórmula:

P = Vr (velocidad de rotación) . dm (diámetro del maní)

Agotado por el trabajo y para calmar su sed tomó el último vaso de cerveza. Al instante sufrió un ataque hepático y desde el suelo trató de mantenerse vivo. La muerte rondaba por el laboratorio. Pero justo en ese momento, P.H. Fernández entró providencialmente a la habitación. Antes de pasar a mejor vida, Piñata logró transmitirle sus últimos hallazgos a su compañero, quien juntó todos los gráficos explicativos y redactó meses más tarde el tratado sobre el maní y sus efectos en la cerveza, libro de cabecera de muchos de los grandes físicos actuales.

Luego de muchos años y gracias a los avances de la ciencia se pudo saber que al doctor P.H. Fernández, apodado entre sus colegas "el codito", no le funcionó el experimento porque los maníes eran faltos de porosidad y la cerveza había perdido el gas por su larga data en los estantes del almacén de ramos generales del "Pelado Tito" donde había adquirido estos productos como oferta del mes. En la actualidad se encuentra investigando las reacciones de otros elementos en la cerveza, como los chizitos, los palitos y las papas fritas.

El bar "El Péndulo", testigo de todos estos acontecimientos, ha sido reabierto recientemente en su lugar de siempre, conmemorando el aniversario de la trágica muerte del renombrado licenciado Piñata. El lugar ha sido restaurado por la Asociación Piñata de ex-alumnos de la Carrera de Física. Allí aconsejamos pedir el famoso "balón Piñata" (por supuesto con los famosos maníes submarinos).

 

Rodrigo O. Ibáñez
Ex-alumno de Julián Piñata,
Investigador de la Academia de Ciencias del Lago Logan
e interno 372 del Frenopático Municipal