La Voz del Lago Logan - lunes 11 de octubre de 1999


La Voz del Lago Logan investiga

"Ringo", un barrabrava con nostalgia por las trompadas y las cadenas

Ringo, en un video de reconocimiento policial durante un partido. El camarógrafo fue ejecutado.

A los 47 años, Roberto Bastianone suele recordar sus días de barra brava con cierto dejo de nostalgia porque a su entender, aquellos domingos de paradas difíciles en canchas hostiles para toda hinchada visitante, tenían una particularidad: el aguante se medía con otros parámetros que incluían "los puños y de vez en cuando algún que otro cadenazo, pero nunca como ocurre ahora: los revólveres o las sevillanas".

Ringo, tal el apodo que supo ganar a fuerza de sudor y cadenazos entre sus pares de la gloriosa y bien ponderada institución C. A. Rompehuesos, es por lo que se puede apreciar un nostálgico. Él nos comentó frases que deben ser tomadas muy en cuenta y al pie de la letra a la hora de presenciar un espectáculo deportivo de la mayor envergadura como los que domingo tras domingo, después de los ravioles de la vieja, brinda el Atlético Rompehuesos en las canchas. "Hoy día es mucho más fácil morir en una cancha. Se ha perdido esa costumbre amistosa de los tiempos en que nos pegábamos, sí, pero como hermanos y con el mayor de los respetos por el colega que estaba cumpliendo con su deber sobre las tablas, en el ángulo opuesto de la cancha. Ahora todo es mucho más frío, distante, una bala vale más que un cadenazo. Nos pegamos, sí, pero ya no es como en aquel entonces. Ahora tildan a los barrabravas de delincuentes, dementes, siendo éste un oficio como cualquier otro.

"Compartí muchos momentos de mi vida con otros barrabravas, la cual giró en torno a un estadio de fóbal. Recuerdo aquella vez -dijo rememorando aquellas tardes de paradas fuleras en canchas hostiles- detrás del estadio de Sudor y Transpiración, cuando los simpatizantes de ese club se me vinieron como moscas a la miel creyéndome bocado fácil. Fue cuando alcancé a escuchar unos gritos desaforados: ¡¡Rompele los huesos vieja!! En ese momento supe que había encontrado mi vocación, mi vida ya tenía sentido. Fue allí arranqué un garrote de un viejo ombú y los coloqué a todos severamente. Eso fue el éxtasis, cada crujido de huesos era música celestial para mis oídos. Justo allí pasaron mis camaradas con la chata recién salida del taller de afinación y de vuelta a los monobloques encontré el camino de mi vida".

Hoy, ya lejos de la euforia juvenil y con el sosiego dado por el paso de los años, nos comenta en su prefabricada de Villa Pantano una propuesta curiosa y singular que no debe dejar de ser tenida en cuenta: crear un sindicato que nuclee a los barrabravas para defenderse y borrar esa imagen negra que pesa sobre sus hombros y cadenas, y para que sea bien encaminado el esfuerzo de la sangre joven, aconsejando a las nuevas generaciones.

Para terminar y resumiendo su pensamiento, acotó su máxima: "Si hay hinchadas amigas, porqué no podemos sintonizar todos la misma onda", siguiendo así el camino de sangre que fueron marcado estos hombres del pueblo a lo largo de esos inolvidables domingos por la tarde.

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