La Voz del Lago Logan - lunes 13 de septiembre de 1999

El Rincón de la Memoria

La primera huelga en el Lago Logan

Corría el año 1896 y como nadie lo alcanzó se fue. Ya en 1897, la prosperidad de la oligarquía loganiense, derivada de la exportación de la aceituna sin carozo, era el signo de una época. La ostentación impúdica de riqueza por parte de unas pocas familias se estructuraba sobre el sufrimiento de todo un pueblo y especialmente el de los carozos, excluídos como si tuviesen la peste misma; es que también había peste y unos cuantos estiraban y eran enterrados en cajones de bananas por no poder costearse un más suntuso cajón de manzanas.

Era tal el despilfarro de la aristocracia, encabezada por Don Pancho Zacarías Ventaja, que hasta hicieron que un presidente que no les simpatizaba se fuera de gira al extranjero y mientras tanto mudaron al país de lugar para que el presidente no lo encontrara a su regreso. Otro ejemplo grosero es el de José Martínez Balustre, quien prometió elevar en un piso su vivienda cada vez que un millón de libras ingresara en su cuenta bancaria. Al llegar al piso ciento ocho, los arquitectos más prestigiosos le advirtieron que sería un peligro seguir aún más, así que Martínez Balustre hizo acostar el edificio para seguir agregándole pisos sin riesgo. Si Martínez Balustre hubiese vivido cien años más, su casa sería el doble de largo que la Muralla China.

En este contexto era de esperar que el creciente descontento popular se manifestase. En junio de 1897, más precisamente a mitad de año, los ánimos comenzaron a caldearse en el Sindicato de Sacadores de Carozos (SiSaCa). Las asambleas eran una tribuna permanente desde donde los oradores instaban a la agitación. Perduran en la memoria las inflamadas palabras del obrero aceitunero Clemente Oliva: "Se viene el agite". Eran acaloradas discuciones hasta entrada la madrugada, cuando el portero (o encargado) Manolo apagaba la calefacción. Finalmente, a fines de junio, con el voto unánime de todos los presentes y en medio de la algarabía de miles de carozos que presenciaban la reunión, se votó la huelga para el 11 de julio.

Al día siguiente, toda la prensa de la oligarquía se burlaba de la decisión del SiSaCa. No tanto por el desprecio que sentían por la clase obrera sino más bien porque el 11 de julio es feriado en el Lago Logan. Más aún, para seguir mofándose de los aceituneros, el entonces presidente Yiyo Garrotes de Cadenas pasó el feriado para el lunes siguiente. Estas burlas encolerizaron al SiSaCa, que comenzó a armarse en secreto con vistas al gran día. Pronto llegaron a tener tantas armas como para formar un grupo terrorista islámico.

El 10 de julio, la oligarquía dio su primera señal de preocupación: el presidente ordenó la movilización de las fuerzas armadas en toda la ciudad y sus alrededores para que explicaran casa por casa la preocupación del gobierno. Las cartas estaban echadas.

La mañana del 11 de julio fue muy fría pero a nadie le importó y seguro que a ti menos, lector; pero fue muy fría y mucha gente pescó resfriados y otros no. Los trabajadores aceituneros salieron desde temprano a ocupar las calles; muchos trabajadores se solidarizaron con los huelguistas y muchos otros no. Muchos niños en las escuelas le preguntaban a sus maestros qué pasaba y otros no, quizá por no haber concurrido a la escuela por estar resfriados, quizá no.

Al mediodía los obreros tomaron la planta procesadora de aceitunas y se comieron toda la producción del mes. Los barriles vacíos se apilaban en montañas enormes, los obreros indigestados también. Esto fue demasiado para la oligarquía, las pérdidas eran millonarias. Don Pancho Zacarías Ventaja le exigió personalmente al presidente que pasara a la acción de inmediato. Yiyo Garrotes de Cadenas, entonces, ordenó al ejército que cesara sus explicaciones y comenzara a incendiar todas las casas. Media hora más tarde suspendió la operación al presentarse Martínez Balustre en bata en su despacho informándole que la soldadesca le había incendiado dos kilómetros de su casa. Quince minutos más tarde, asumía la presidencia Alfonso Interinatto, el vicepresidente.

Por la tarde se desató la batalla campal en los alrededores de la planta. La lucha fue cruel y mucha. Al final del día, los muertos de ambos bandos se apilaban en montañas enormes junto a los barriles, a los indigestados y a las víctimas de la peste. El ejército había logrado desalojar la planta pero el golpe recibido por la oligarquía había sido durísimo, especialmente para Martínez Balustre. Una semana después de la derrota, el SiSaCa pasaba a la clandestinidad como grupo terrorista islámico (bajo el nombre de SiBaBá) y Yiyo Garrotes de Cadenas era fusilado por incompetente. Así finaliza este capítulo del rincón de la memoria.

Herutito de Lago Logan
Historiador y trompetista de la banda del geriátrico "El Ocaso"

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