La Voz del Lago Logan - Nº 11 - Junio de 1997

El enterradorSe nos fue un grande

El enterrador, apenado, no quiso hacer declaraciones

Hondo pesar causó en la comunidad artística el fallecimiento del comediante Billy Pattineta, célebre en los años '30 y '40 por su audición farfullesca y bufarrona "La hora del payaso retrasado". Desde aquél programa, Pattineta desarrolló un humor fino, elegante y pelotudo, que lo llevó a convertirse en uno de los ídolos populares más buscados por los niños, que lo esperaban a la salida de la radio para insultarlo y arrojarle toda clase de objetos contundentes.

Una trayectoria parabólica

En 1943, la Iglesia lo acusó de comunista y fue levantado su programa radial. En el último programa emitido, Pattineta dijo (según recuerda su único oyente, Ernesto Esteban Etchenique): "Si tener barba es ser comunista, yo soy comunista. Pero no tengo barba. ¿Soy comunista?". Tras varios años de inactividad que pasó sentado atado a una silla, en 1951 funda El Circo de la Alegría y la Amistad, un bodriazo circense que la crítica calificó como "la obra teatral más estúpida de todos los tiempos".

A partir de este fracaso, Pattineta empieza a experimentar con drogas. Esta experiencia lo hace ampliar sus fronteras artísticas; funda entonces El Circo de la Alegría, la Amistad y la Chalita, y tras un nuevo y rotundo fracaso comienza a dedicarse al cine de humor negro. Su primer largometraje, en 1956, se titula "Al gordo Pastoriza se le reventó la úlcera" y narra, con notable cinismo, las desventuras amorosas de una ballena franca con un lanchón irlandés. A pesar de los elogios de la crítica, los niños que en los años '30 lo esperaban a la salida de la radio eran ya hombres fornidos que lo esperaban a la salida de los cines, con armas de grueso calibre. Tras unas pocas películas más (entre las que se destaca la memorable "Sandías sin semilla pa' los pobres de la villa" ) se retira de la vida pública en 1962, tras haber recibido un balazo en el seno izquierdo, cuando salía de la clínica "La Loca de Amor", donde le habían implantado siliconas.

Tras treinta años (30) de exilio en su casa prefabricada en las afueras de Logan City, realizó en 1992 un memorable papel de vendedor ambulante de biromes en un comercial de autos.

Según dicen, Billy Pattineta entró anoche en la paz del Señor a causa de un imprevisto paro cardíaco a los 91 años. Sus graciosos restos serán velados esta noche en la sede de la Asociación Amigos de la Tortuga que él mismo fundara en 1975, cuando no tenía nada mejor que hacer.


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