La Voz del Lago Logan - Nº 7 - Octubre de 1995

Opinión

Matemos a los bibliotecarios

Veamos. Pueden calcularse todas las combinaciones posibles de todas las letras del alfabeto, los números, los signos de puntuación y el espacio en blanco, en un total de mil páginas. El número resultante, realmente gigantesco, comprende todos los libros escritos, los libros que aún no han sido escritos y los incoherentes. Estos libros pueden ser cualquier libro, desde una novela o un libro de poemas, hasta un libro de historia o una biografía no autorizada.

Cualquier libro que tenga menos de mil páginas puede verse como un libro cuyas últimas páginas estén en blanco; mientras que los libros de más de mil páginas pueden considerarse divididos en tomos. De esta manera, veremos que el número resultante comprende también a la vez a todas las enciclopedias y todos los diccionarios, todos los volantes, las innumerables descripciones de paisajes conocidos o fantásticos, y de todo ello también sus traducciones en otros idiomas y hasta sus faltas de ortografía y errores de tipeo. También caben en ese número las noticias aparecidas en el diario del día, todos los libros de cocina, todos los libros de texto (los del primario, los del secundario, los de la facultad), todas las listas de compras, todas las cartas de amor, todos los libros de chistes de gallegos, todas las Hojas Blindadas, las más detalladas descripciones de cómo bailar el malambo o de cómo tocar la flauta, todas las notas estúpidas aparecidas en estúpidas revistas femeninas para mujeres estúpidas, todos los libretos de radio, teatro y televisión, y hasta el manual de instrucciones del televisor color que te compraste para ver el mundial.

Porque al mismo tiempo que estoy escribiendo esto, estoy viviendo una vida cuya biografía está comprendida en aquella cifra maldita; será otro de esos libros cuya función será la de ir llenando una biblioteca en la cual se acumularán hasta que, por fin, se haya alcanzado el número.

Y sé que escribiendo esta nota estoy, en el fondo, agregando una página más a esa estantería; estoy matando a la cultura, acercando su fin.

Ante todo, liberemos al Palanca.

 

Empédocles de Alejandría


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