Editorial La Bondiola
Eres un Alquimista del Siglo XVIII

 

           Vas a ver de quién se trata con suma cautela, pues si es el ogro que piensas que es más vale ir practicando buenos modales por el camino. Finalmente llegas a la puerta y miras por el ojo de la cerradura. Lo que observas te sorprende. Se trata de un tirifilo que gasta una larga y tupida barba, enfundado en unos harapos apolillados y que calza zapatos de taco alto bastante viejos. Semejante imagen sensibiliza tu corazón y abres la puerta, esperando poder darle alguna ayuda, algo para comer, o al menos hacerle probar una de tus pociones. Pero apenas la entornas escuchas un vozarrón que jamás hubieras esperado de semejante deformidad viviente:

           -¡Hermano, escúchame hermano, dijo el Señor creced y multiplicáos, y el hombre debe multiplicarse en paz hermano, tú sabes hermano que el señor lo sabe todo, lo sabe todo hermano, y es su palabra la que debemos cumplir, su palabra hermano!

           Si antes estabas atónito ahora no hay quien te gane.

           -Hermano, escúchame hermano, muchos hombres se encierran en conventos hermano, para toda su vida, renegando de poblar este hermoso mundo que el Señor ha creado. ¡Reniegan de las mujeres hermano, de los hijos, de los albergues hermano! ¡Pero yo te digo hermano, es palabra del Señor, y tú debes seguir esa palabra hermano! ¡Ven con nosotros hermano, ven con nosotros, los Testigos de Onán, ven a poblar este bello mundo hermano! ¡Sígueme hermano!

           Semejante discurso te cautiva. Lo has decidido. Le compras a este hombre, a este verdadero profeta, uno de los libros que te ofrece en donde sintentiza la filosofía de su cofradía. Pasa el tiempo y un cambio se obra en tí hermano; dejas todo y te vas a predicar a las plazas y a las estaciones de tren, dedicando el resto de tu vida a difundir las palabras del profeta y a encontrar la luz en tu camino.

           Cuando la encuentras, la única neurona que te queda no te advierte que se trata de un tren que viene de frente y mueres aplastado, pero feliz.

 

FIN

 

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