Editorial La Bondiola
Eres un Alquimista del Siglo XVIII

 

           El deforme y contrahecho Igor llega penosamente a la puerta, chocándose con todo cuanto hay en su camino y haciéndose concha de esa manera el dedo meñique del pie. Abre la puerta y pone su mejor cara de experimento de biología, la misma que ponen todos los jorobados en las películas de terror truchas cuando abren la puerta, y exclama:

           -¿Quién es?

           No escuchas la respuesta. En realidad no escuchas un carajo porque a tu audífono se le acabaron las pilas. Lo conectas al tomacorrientes, de puro bruto nomás, y la patada te manda a la puta que te parió; pero al final y al cabo escuchas.

           Ves que Igor vuelve y espeta:

           -Ta todo bien, jefe, era una joda de los pendejos de acá a la vuelta que se la pasan haciendo rin-raje.

           Farfullas una lista de puteadas y prosigues con tus estudios. De repente, te das cuenta que tu vista está demasiaso cansada como para seguir leyendo las recetas mágicas. De buen grado le pedirías a Igor que lea, si no fuera porque es una bestia peluda y, si bien sabe leer discretamente, lo más probable es que mande fruta y que por su culpa pongas un ingrediente equivocado en la pócima.